San Mateo. 12, 38 – 42.

Comentario al Evangelio para el lunes 21 de julio 2014.

En aquel tiempo, le dijeron a Jesús algunos escribas y fariseos: – “Maestro queremos verte hacer una señal prodigiosa.” Él les respondió: – “Esta gente malvada e infiel, está reclamando una señal, pero la única señal que se les dará, será la del profeta Jonás. Pues, de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del Hombre tres días en el seno de la tierra. Los habitantes de Nínive, se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás; aquí hay alguien que es más grande que Jonás. La Reina del Sur, se levantará el día del juicio contra esta gente y la condenará, porque ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la sabiduría de Salomón; aquí hay alguien más grande que Salomón.

Palabra del Señor.

Hoy hemos caído, como en los tiempos de Jesús, en una separación entre las cosas de Dios y las cosas de la tierra. Aquellos fariseos y letrados, autoridades religiosas de la época, cuando ven en Jesús signos solo ven signos de la tierra. Que integre a uno que está marginado, que le dé la oportunidad de cambio, a quien se ha equivocado, que escuche al marginado, que se siente a comer con quienes han sido apartados, por ser considerados “pecadores públicos”.

Hoy día muchos quieren ver en la Iglesia signos del cielo, no ven que sea también tarea de la Iglesia tomar posición en temas de políticas que tienen que ver con la familia, con la dignidad de la persona, con su entorno, que es la naturaleza. La economía del Mercado, que ha reducido todo a mercancía, le incomoda una iglesia que defienda y promueva la vida.

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