La Iglesia rejuvenece

La Iglesia Rejuvenece (Iuvenescit Ecclesia): es un nuevo documento suscitado por el Papa Francisco al expresar el deseo, con ocasión del recién celebrado Año de la Vida Consagrada, de renovar el documento Mutuae Relationes publicado a finales de los años 70 para iluminar las relaciones entre los obispos y los consagrados.

Así lo explica Fray Bartolomé Buigues, terciario capuchino y presidente de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Costa Rica (Confrecor).

“Ante la distancia de aquel momento y la mayor diversidad hoy de los dones carismáticos, además de religiosos y consagrados, en general, están los nuevos movimientos y pequeñas comunidades, el Papa ha visto la necesidad de elaborar un documento nuevo con la misma finalidad pero con el objetivo más amplio. Se inspira este documento, en la realidad de una Iglesia que se concibe como Comunión por la presencia de Dios en ella y también en la diversidad de dones del mismo Espíritu”.

*Misterio de Comunión *

Lo central del documento fechado el 15 de mayo, día de Pentecostés, es que presenta a la Iglesia en cuanto misterio de Comunión, en el que los dones jerárquicos y los dones carismáticos son co-esenciales para su vida y también para su misión en la clave que ha expuesto el Papa Francisco de una Iglesia en salida, según refirió el religioso.

Recuerda el escrito que los dones jerárquicos son los conferidos con el sacramento del Orden (episcopal, presbiteral, diaconal), así como los dones carismáticos son los distribuidos libremente por el Espíritu Santo.

“Busca favorecer una participación fecunda y ordenada de las nuevas agregaciones a la comunión y a la misión de la Iglesia”, dijo Fray Bartolomé.

El documento trata precisamente la relación entre los dones jerárquicos y los dones carismáticos insistiendo en la relación armónica y en la complementariedad de los dos.

Dice Fray Bartolomé que lo hace siempre en el ámbito de una “participación fecunda y ordenada de los carismas en la comunión de la Iglesia, que no les autorice a ‘substraerse’ de la obediencia a la jerarquía eclesial, ni les dé ‘derecho a un ministerio autónomo’. Los carismas auténticos deben, por lo tanto, estar encaminados a ‘la apertura misionera, a la obediencia necesaria a los pastores y a la inmanencia eclesial’ como lo dice el documento”.

Es importante mencionar, las veces que sea necesario, que los dones jerárquicos y los dones carismáticos no pueden estar nunca en oposición.

Para el presidente de la Confrecor la dimensión carismática (vida consagrada, movimientos y comunidades) no debe faltar nunca en la Iglesia, pero “es necesaria la madurez eclesial que implica su pleno desarrollo e inserción en la vida de la Iglesia, siempre en comunión con los pastores y atentas a sus indicaciones”.

Las nuevas realidades (o estos dones carismáticos que van surgiendo en la Iglesia) dice Iuvenescit Ecclesia deben “relacionarse positivamente con todos los demás dones presentes en la vida eclesial” para “promoverlos con generosidad y acompañarlos con paterna vigilancia” por los pastores para “que todo contribuya al bien de la Iglesia y su misión evangelizadora”.’

Dones del Espíritu

Sobre la Vida Consagrada (la cual acaba de tener un año especial de celebración), como los demás dones carismáticos, “es un don multiforme del Espíritu Santo en orden a la edificación de la Iglesia en su vida y misión. La Vida Consagrada no pertenece a la jerarquía de la Iglesia sino a su vida y santidad”, dijo Fray Bartolomé.

Sobre los dones jerárquicos dijo que “son un don del Espíritu en orden a la edificación de la Iglesia, desde el discernimiento y la orientación de los dones carismáticos”.

Es importante decir, en esta línea de dones que suscita el Espíritu Santo para su Iglesia, que hay ciertos criterios que la Jerarquía utiliza para su discernimiento, estos son: instrumentos de santidad en la Iglesia; compromiso con la difusión misionera del Evangelio; confesión plena de la fe católica; testimonio de una comunión activa con toda la Iglesia, acogiendo con leal disponibilidad las enseñanzas doctrinales y pastorales; respeto y reconocimiento de los otros componentes carismáticos en la Iglesia; aceptación humilde de los momentos de prueba en el discernimiento; presencia de frutos espirituales como la caridad, la alegría, la paz, la humanidad; mirar a la dimensión social de la evangelización, la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad. Así lo resume Fray Bartolomé Buigues, porque a la postre, son estas características las que enriquecen a la Iglesia.

Fuente: Semanario Eco Católico
Última modificación: 8 de julio de 2016 a las 12:39
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