“Es hora de pensar en el bien común”

Homilía en la Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica. Cartago, 2 de agosto, 2015. Monseñor José Rafaél Quirós. Arzobispo Metropolitano de San José.

Con gran alegría y llenos de confianza, nos encontramos aquí para manifestar, una vez más, nuestro amor a la Madre de todos, a quien cariñosamente llamamos la “Negrita de Los Ángeles”, con la certeza de ser escuchados pues, ella, como Madre de Misericordia, acoge a todo aquel que invoca su intercesión. Qué hermoso pensar que nunca se cansa de acogernos, que está siempre atenta para brindarnos consuelo, sobre todo cuando enfrentamos situaciones dolorosas y que no está en nuestras manos resolverlas.

Esto es así porque, desde su condición de madre, acompañó fielmente a su Hijo y vio cómo fue rechazado, injuriado, lleno de burlas, procesado injustamente y condenado a muerte. El inocente y único justo, que entrega su vida por nosotros injustos y pecadores. Ante tales acontecimientos, María pronunció una y otra vez “hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38) y, con valentía y perseverancia, llegó hasta el pie de la cruz y ahí permanece firme, plenamente convencida que Dios cumpliría su promesa.

Cuánta fe necesitamos para no desfallecer en el camino y, como María, mantenernos fieles hasta el final. La vida de María es un bello cántico a la perseverancia: “el que persevere hasta el fin, ese se salvará” (Mt. 10, 22).

Nos conmueve también cómo Jesús, en los últimos momentos de su vida terrenal, encomienda su Madre Santísima a Juan. Es el Hijo que, habiendo vivido en estrecha y amorosa relación con ella, no la desampara, “Ahí está tu madre” (Jn 19, 27). Al respecto San Agustín nos enseña “Es una lección de moral. Hace lo que recomienda hacer, y, como buen Maestro, alecciona a los suyos con su ejemplo, a fin de que los buenos hijos tengan cuidado de sus padres; como si aquel madero que sujetaba sus miembros moribundos fuera también la cátedra del Maestro que enseñaba.” (In Ioann. Evang., 119,2).

Es que “Él es el único hijo de su madre, la cual tras su muerte, quedaría sola en el mundo. Ahora pone a su lado el discípulo amado, ponerlo por decirlo así, en lugar suyo, como su propio hijo, y desde aquel momento él se hace cargo de ella, la acoge consigo.” (Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, p. 257)

Caminar y estar con María al pie de la cruz, implica asumir un estilo de vida que antepone la entrega y fidelidad en la misión aceptada, a los gustos personales o compromisos de fama o de interés particular. Significa una apertura total al bien de los demás y, por tanto, a la solidaridad como norma de vida, pues, ella participando del martirio de su Hijo, se une a la ofrenda de su vida por toda la humanidad.

En este año de la vida consagrada, señalo especialmente el servicio y entrega a los que más necesitan o sufren, por parte de tantos consagrados y consagradas, y con el Papa Francisco les insto a seguir respondiendo con alegría a su vocación pues, “Hay toda una humanidad que espera: personas que han perdido toda esperanza, familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes sin futuro alguno, enfermos y ancianos abandonados, ricos hartos de bienes y con el corazón vacío, hombres y mujeres en busca del sentido de la vida, sedientos de lo divino…” (Cf. Francisco, Carta Apostólica con ocasión del Año de la Vida Consagrada, n.4)

María es solidaria

María es nuestra madre en común. Como hijos tenemos conciencia de esto y, por ello, desde todos los lugares de la geografía nacional, hemos venido a este Santuario a poner a sus pies nuestras preocupaciones y angustias, sin dejar de lado la justa acción de gracias por los dones recibidos.

En Costa Rica, hay rostros sufrientes que demandan una respuesta solidaria y amorosa. (Cf. D. A. 65)

Pensemos cuántos hermanos nuestros viven la angustia del desempleo, muchos han venido hasta este Santuario, a presentarle a la Madre su triste situación, entre ellos padres, madres jefas de hogar y jóvenes.

“El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de ma­duración, de desarrollo humano y de realización personal. En este sentido, ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución pro­visoria para resolver urgencias”. (Francisco, Laudato si, 128).

Bien sabemos, como lo destaqué el 1° de mayo pasado, que “las causas del desempleo y el subempleo son de índole estructural, por lo que requieren de un esfuerzo patriótico y ético de todos los sectores del país.” Por tanto, la búsqueda de nuevas fuentes de empleo, es una tarea que no admite dilación, deben fortalecerse los esfuerzos que se realizan, pero los diferentes sectores han de unirse, fijando la mirada en la solidaridad.

“Para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que fa­vorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial”. (Ibid. 129).

María es la Madre, que está al pie de la Cruz con su corazón traspasado de dolor al contemplar a su Hijo, que cumple a cabalidad la misión que el Padre le encomendó, pero, que es víctima, también, de la crueldad y violencia del ser humano.

Con certeza, durante estos días, como sucedió con su Hijo, ella está al pie de la cruz sufriendo por la forma violenta en la que siguen muriendo muchos hermanos nuestros.

Dice el Papa Francisco: “… la carencia extrema que se vive en algunos ambientes que no poseen armonía, amplitud y posibilidades de integración facilita la aparición de comportamientos inhuma­nos y la manipulación de las personas por parte de organizaciones criminales”. (L. S 149).

Sin duda, al crecimiento del narco negocio en Costa Rica corresponde, también, causas de oculto raigambre como “la idolatría del dinero, el avance de una ideología individualista y utilitarista, el irrespeto a la dignidad de cada persona, el deterioro del tejido social… y la falta de políticas públicas de equidad social.” (DA 78)

Ante esta dolorosa realidad, María nos recuerda que cómo discípulos de su Hijo, Príncipe de la paz, no podemos seguir por este camino de violencia, que alcanza también a los más débiles e indefensos.

Nos alarma como diariamente se informa de brutales agresiones a niños, a sabiendas que muchos de estos casos quedan en el anonimato. De igual manera, sabemos de adultos mayores agredidos y abandonados. En nuestra Patria hay dolor a consecuencia de la violencia, María Reina de la Paz, nos invita a un compromiso valiente de todos para cortar los círculos de violencia en los hogares, en los trabajos, en las carreteras, en los barrios, en los centros educativos.

Con ella al pie de la Cruz…

Ella, al pie de la cruz, escucha las súplicas de los pescadores artesanales, de quienes viven en las zonas costeras, de los pequeños agricultores, de los más pobres y olvidados de nuestra sociedad. Como en Caná de Galilea, sabe reconocer nuestras angustias e intercede ante su Hijo por aquellos que “No tienen vino.” (Cf. Jn 2, 1-12)

De manera particular, señalo la necesidad de volcar la mirada hacia los pequeños productores de la zona rural, a quienes sin tener las herramientas requeridas se les ha puesto a competir con los grandes. En orden a la producción y venta, según me lo han compartido, son los únicos que deben someterse a los precios que les pongan los intermediarios. No son pocos los que entregan lo producido sin recibir de inmediato la paga.

Lamentablemente, así lo confirmé en diálogo con algunos pequeños arroceros de Pococí, en una mis visitas pastorales siendo Obispo de Limón, y lo he constatado en las comunidades de Puriscal, Turrubares y Aserrí, zonas con un potencial grande para producir con gran calidad mucho de lo que se importa. Se ha afirmado que los productos importados ayudan a bajar los precios, pero, me pregunto, se refleja esto cuando se va al mercado?

No son pocos los que han tenido que vender sus parcelas ante las pérdidas sufridas por los bajos precios de lo que producen. En uno de los encuentros que tuve con estos grupos, los agricultores cifran su esperanza en el pronto funcionamiento de la Banca para el desarrollo y en que esta instancia, en verdad beneficie a los pobres.

«Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su fa­milia y tener seguridad existencial. Este derecho debe estar garantizado para que su ejercicio no sea ilusorio sino real. Lo cual significa que, ade­más del título de propiedad, el campesino debe contar con medios de educación técnica, crédi­tos, seguros y comercialización ». (Francisco, Laudato si, 94). Por lo que animo, a que se sigan fortaleciendo los esfuerzos que en este sentido se están haciendo desde las dependencias respectivas del Estado.

Es hora de pensar en el bien común y que ante la situación fiscal del país, nos unamos en la búsqueda de los mejores caminos de solución. Es hora de iniciar un diálogo de altura, donde se muestre el respeto por la persona y su dignidad, ya que las polarizaciones nunca llegan a buen término. Como manifestaba en su momento Mons. Román Arrieta, (q.d.D.g) “O nos unimos o nos hundimos”

Caminemos con paso firme hacia una conversión sincera de amor por la Patria, hay estudiosos que consideran que una ley integral de empleo público, vendría a responder en gran medida a la necesidad de una remuneración justa para los empleados públicos pero, con sentido social y solidario con el resto de la población.

“La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes princi­pios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este de­ber en un proyecto de nación”. (Ibid. 178)

Por otra parte, son importantes los esfuerzos que se hacen por dotar de agua potable a toda la población, sin embargo, al respecto hay deudas importantes que se deben cancelar. Porque “En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamen­tal y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el de­recho a la vida radicado en su dignidad inalienable”. (Ibid. n. 30). Pienso por ejemplo en este derecho a disfrutar por las poblaciones de Cairo y Milano de Siquirres.

María esposa y Madre

María es la esposa fiel que junto con su esposo José en el hogar de Nazareth, con su ternura, amor, trabajo, y unión son ejemplo para todos los matrimonios de la historia de la humanidad. Conforman una familia que no se diferencia de las otras, por lo que sigue siendo válido proponerla como el ideal a alcanzar, porque toda familia que se deja permear por el amor de Dios, puede vivir la alegría del amor fiel y sincero hasta el final, y propiciar así el ambiente requerido para el mejor desarrollo de los hijos.

“La familia, fundada en el matrimonio, constituye un “patrimonio de la humanidad”, una institución social fundamental; es la célula vital y el pilar de la sociedad y esto afecta tanto a creyentes como a no creyentes. Es una realidad por la que todos los Estados deben tener la máxima consideración, pues, como solía repetir Juan Pablo II, “el futuro de la humanidad se fragua en la familia” (Familiaris consortio, 86). (Cfr.Benedicto XVI, Discurso A los participantes en la asamblea plenaria del Consejo pontificio para la familia, L’Oss 19 de mayo de 2006).

La Santísima Virgen María que concibió a su Hijo por obra del Espíritu Santo, y lo llevó durante nueve meses en su vientre, nos inspira a proclamar sin descanso el “Evangelio de la vida”.

Nos unimos, en oración, con todos los matrimonios que experimentan dificultades para concebir un hijo, y muchos de ellos han venido hasta este Santuario a presentar su súplica al Señor.

Somos conscientes, de que “No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de «salud repro­ductiva». (Francisco, Laudato Si 50)

Es que, “Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner sólo algunos ejem­plos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza”. (Ibid. 117).

La reflexión sobre estos aspectos que considero medulares de nuestra vida social, y que contienen aspectos éticos fundamentales, no escapan de la misión que, como Pastor del Pueblo de Dios, me ha sido confiada, pues, “Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas”. (Código Derecho Canónico, canon 747, par. 2).

“María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasa­do la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano. Ella vive con Jesús completamente transfigurada, y todas las criaturas cantan su be­lleza”. (Ibid. 241).

Dispongámonos a participar del Banquete de los hermanos, que es signo de lo sucedido en el Calvario, donde cayeron todos los muros que nos separaban. Fortalezcámonos para no quedarnos en el camino, sino que lleguemos juntos hasta el regazo del Padre que a todos nos ama por igual. Así Sea.

Fuente: Semanario Eco Católico
Última modificación: 6 de agosto de 2015 a las 22:12
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